EL ULTIMO CREYENTE PARA ALLEN JONES
( Interpretaciones sobre ”La Suite del mago”)
El Royal College Art era titular de primera
página aún, la reina de las noticias de economía en Londres había sido
descubierta en una situación poco sensata con uno de los artistas del Hornsey.
Dos años después toda la fiesta estaba lista, la reina de cierta manera presente,
veintidós obras poco sensatas y la moral se reciclaba de manera más rápida que
la vida.
Jones se había alistado con tiempo.
Necesitaba el dinero y un poco de publicidad, la sociedad era ambigua y
necesitaba hasta de sus fantasmas.
-Sabes el arte cuando guarda unas
proporciones y fronteras, no es arte; es simple frustración interna de alguna
hormona.
-¿Sigues con tu sueño de arte de tamaño
natural? Le preguntó Hamilton, quien era
el amanuense en la sala, para ahorrar gastos.
- Sin duda, si las mujeres son una obra de
arte con sabores diferentes y libros en cada rastro de su piel, pues no podemos
ser reducidores de cabezas.
- ¿En París, hace dos meses Kubrick, lo
conoces?, te necesitaba.
- Hace seis meses, me la pase encerrado en
Montparnasse, haciéndole casting a varias Lolitas, que falta de confianza
(risas).
Londres estaba fuera de control, 6 grados
apenas, era un infierno y ella solo deseaba consultar sus líneas frente al
espejo, deseaba volverse a dibujar. El idiota de su jefe, Jones quería a Jones,
era una venganza. La historia y el arte siempre tienen su índole de venganza.
Ahopra su Olivetti verde parecía ahora un arco íris, gracias al pasado, sus
artículos tantas veces repetidos por la ironía de la fiesta, los montones de
revistas, los recortes de Marilyn y Coca Cola, el afiche del último estreno de
Elvis con sus aburridos libretos que infestaban las salas de su país de vez en
vez y cada vez más seguido, una disputa de las conciencias internas de su
rostro en el espejo del carro y pensó que podía mandar a Jones y su trabajo al
demonio, que por ella ese pasquín tenía algo de prestigio, que no necesitaba de
ese sueldo para ir a una buena función de teatro los sábados y beberse el mundo
después, además de unos enlatados para la mañana. Que ni los nietos de su jefe
lograrían un mínimo de altura en la historia inglesa. Odiaba a toda la raza
Jones. Esos lentes diminutos esféricos plateados podía incendiarlos con jefe
incluido y evitar tanto sexo virtual sobre ella en cada día y su Chrysler
modelo 60 no necesitaba tanto por ahora. Pero faltaba una hora y el tráfico es
a veces imposible descifrar.
-¿Maestro, una pregunta, el Pop Art se ha
llegado a humillar al estar en este recinto? (THE HERALD)
-Se han llegado a humillar al Pop. La
academia ha doblado sus pretensiones y nos busca para que le construyamos su
historia.
- ¿Maestro Jones, qué opinión le ofrece el
Pop Art americano? (THE WASHINGTON POST)
-Hockney me ha tentado para viajar el próximo
año allá y quizá conocer al Presidente Kennedy (risas en el auditorio) Nosotros
no somos una copia de ellos, trabajamos con sus productos que inundaron
nuestras vidas.
-¿Jones, usted no se cansa de poner en choque
al espectador?
-Quien no se discute sobre lo que tiene a su
alcance, debería morirse rápido y sin epitafio alguno en la memoria de los
demás.
-¿Maestro Jones, la mujer es un objeto para
esta sociedad, cómo la mira el arte? (THE ENQUIRER)
-La reina Isabel es una ficción necesaria
para el latido inglés, al igual que Marilyn al otro lado. Quien me observa,
sabe que la mujer es mi constante dentro de mi obra, porque es quien más es
libre para sentir. Más respuesta, imposible.
- ¿Jones, volvemos a hacer el amor?
La séptima botella de Johnny caía sobre la
mesa y después la pleitesía y la decencia, obscenidades que no necesita el
arte. Las sillas se desfamiliarizaron de
sus funciones y se convirtieron en los labios menores de la madrugada. La nota
periodística estaba hecha, pero se iba a hacer tarde para publicarla.