
JUEGOS NOCTURNOS
YO soy la narradora,
la autora del único relato
que firmo con mi nombre.
Ha llegado el instante de la página en blanco
y en mi párpado nace el hijo de la luna.
Hundo la mano en mí,
acaricio por dentro las cuerdas del violín
donde nadie me escucha.
Al instante que llego hay luz en la bombilla
y ojos que, desde lejos, ni me miran.
Mis dedos, de por sí contradictorios,
adquieren precisión de ser ajenos
al momento en que escriben.
En lo oscuro tropiezan, se rebelan,
preguntan por mi frío y por mi fiebre
y un poco más cansados y más tristes,
en las primeras luces, me abandonan.
Es un poema de Marian Suárez, de su libro Puente colgante sobre el abismo de las sensaciones (Retrospectiva poética 1985-2007), Esquío-Ferrol, 2008.
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Nota que tomamos de Libros y Letras, su boletín.
José Asunción Silva
Por: Doris Amaya/ Bogotá. El 24 de Mayo de 1896, José Asunción Silva amaneció muerto en su casa marcada con el No. 13 de la época. Para conmemorar al poeta en sus 112 años de su desaparición, la Casa de Poesía Silva (Calle 14 No. 3-41) invita a los bogotanos a redescubrir esa historia el próximo Domingo, de 10:00 a.m. a 4:00 p.m. en el marco del evento “Siga, esta es su casa”. ¿Cuáles fueron las razones que tuvo Silva para suicidarse? Cincuenta años después de su muerte, la última persona que vio a Silva con vida, su amigo Hernando Villa, escribió sus recuerdos de esa noche: “Volvimos a continuar la lectura, que terminó cerca de la una de la mañana, y José, con un candelabro de plata, en que había dos espermas, salió conmigo hasta la puerta y al despedirme le dije: "Te espero mañana a comer en casa"; a lo cual repuso: "esas comidas allí son complicadísimas y por estar delicado de salud no puedo aceptarte, pero sí voy por la noche a tomar el té". Le repuse: "¡Déjate de esa vida, vive como vivimos todos, sin tantos refinamientos, pues si sigues así, acabas por darte un balazo!" "Suicidado yo, ¡qué bonito!", me dijo riéndose de mí.
Al otro día, a las 6 a.m., recibí recado de la casa de Silva, de que éste había muerto. Como vivía yo, 3 cuadras abajo de la de Silva, junto a la de El Tiempo, en pocos minutos atendí la llamada y fui el primer extraño que llegó a llorar con el alma, la infausta muerte. El balazo (...) se lo dio en el corazón, con un revólver viejo, que era de su padre, de fuego lateral y que poco antes lo arregló un armero para defensa del guardia de la fábrica". Los visitantes podrán recorrer la exposición “José Asunción Silva vida y obra”, que guardan los aspectos de la época, vida y obra del poeta. Así mismo, se podrá disfrutar de los servicios de biblioteca, fonoteca, poesía a la carta y librería que han preparado todo un homenaje en torno al poeta.
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Un agradecimiento infinito a la solidaridad de gente como Rodolfo Ramírez Soto, Fernando Vargas, el grupo Confabulación -también perseguido-, Luis Arias Manzo, entre tantos.
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El silencioso desaparecer de lo cultural en Vanguardia Liberal y la no protesta "porque no dejan" de sus lectores, ha dado para correos anónimos...
"Me contó otro 'Sapo' que no sólo hay columnista de Vanguardia Liberal que se caracterizan por su mutismo ante el fin del 'Dominical', sino que hay un caso especial de un hombre con dos columnas, que en una utiliza el alias del Sapo Inquisidor criticando gazapos de periódicos de hace un mes y en la otra pone la cara con su nombre: Puno Ardila.
'Nos contaron que'.... la ausencia de crítica en su columna se debe a que este personaje se ofreció a realizar el par de páginas que serán todo sobre lo que a este tema se le dedique a la semana.
Ojalá al menos vaya a cobrar por eso y no se esté vendiendo por un plato de lentejas o cincuenta monedas de plata.
Y uno se pregunta: con esos docentes de periodismo, gestores culturales y artistas, ¿para qué necesita enemigos nuestra cultura?"
El email de inicio es magazincultural@gmail.com
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Una nota de El Cultural de España, sobre un tema del cual muchos todavía somos adictos, a Indi... en este día de estreno mundial de una parte de la saga de films dirigidos por Steven Spielberg.
Nombre de perro. Por Montero Glez
Cuando Indiana Jones se sube a la montaña rusa y atraviesa tripas de cantera y fuego, los espectadores flipan de puro vértigo. Y no digamos cuando hace restallar su látigo por túneles de cartón piedra. Entonces, hasta las serpientes se encogen y el gallinero se revuelve por el chute de adrenalina recibido. A su paso por los conductos de la intriga, todo se convierte en amenaza para nuestro héroe y, aunque la barba le crezca por segundos, a Indiana Jones nada le achica. Ni tan siquiera el agua que rompe las rocas de corcho barato. Ese es su mayor logro. Convertir lo falso en verdadero sin ningún tipo de disimulo. La chatarra en oro. La pantalla de cine en parque temático. Veintitantos años después de la primera entrega, los parques de la globalización se ponen las botas y el sombrero. De todos los personajes creados en el cerro Hollywood, este trotamundos con alma de boy scout ha sido, sin lugar a dudas, el más esperado de los últimos tiempos. Cuentan que a Spielberg se le ocurrió la idea cuando aceptó un reto: rodar una escena tan absurda como la de un hombre siendo perseguido por una piedra. Según parece, unos amigos le de- safiaron a ello y Spielberg, ni corto ni perezoso, recogió el guante y llamó a su amigo George Lucas, que apareció con Indiana, el perro de su mujer. De ahí tomarían el nombre para bautizar al nuevo héroe. Guau. Ocurrió a principios de la década de los ochenta y el parto fue de provecho. Spielberg y Lucas alumbraron un personaje de acción y don de lenguas, aunque parco en palabras. Arqueólogo de oficio y con miedo a las serpientes. Para completar el cuadro, aparecería en pantalla armado con látigo y revólver; siempre luciendo un sombrero blando, cubierto por el polvo de la aventura. Un guiño tras otro a los personajes del tebeo clásico americano. Un héroe doméstico al alcance de todas las familias, un fulano lo más parecido a Lawrence de Arabia dándose un garbeo por el parque temático. La primera película se tituló: En busca del arca perdida (1981). Luego vino la otra, la del Templo maldito (1984), donde una rubia que cantaba a Cole Porter le acompaña en sus peripecias. “Dame tu sombrero”, le impera. “Por qué”, pregunta sorprendido nuestro héroe. “Porque voy a vomitar en él”. La actriz que canturreaba por Cole Porter, al final, se enamoraría del director. El mismo Spielberg diría al respecto que eso fue lo mejor de la segunda película. Llegados a tal punto, no hay que olvidar que la relación de Indiana Jones con las mujeres siempre fue harto compleja. Algunos estudiosos del tema han interpretado esto como efecto producido por causa mayor. Así, al quedarse Indiana Jones huérfano de madre a edad temprana, acusaría una marcada timidez en el trato con las hembras. Algunos otros estudiosos van más allá y convierten la timidez en misoginia. Y hasta los hay que se atreven a ver semejanzas con Lawrence de Arabia en lo que respecta a su vida doméstica. Dejémosles con su rancio sabor de boca y con una escena para el recuerdo: la de Indiana Jones con Elsa Schneider, la arqueóloga austriaca, una hembra fría y con la dureza del mármol palpitando entre sus pechos. En la tercera entrega, la de La última Cruzada, la tal Elsa supo decir adiós a nuestro héroe al estilo austriaco. Y si no lo hizo al estilo búlgaro fue porque el guión no lo incluía. Qué coño. Por seguir con la fauna, cabe citar aquí a la chica que le quiere bien. Se llama Marion, igual que la gata de Spielberg y, según parece, vuelve a salir en la última aventura, la de la “calavera de cristal”, pues así se titula la nueva entrega que ahora toca promocionar. Una historia que data de los tiempos de la llamada guerra fría, cuando los rusos y los americanos se pegaban ladridos, que no mordiscos. En esta ocasión, anda por el medio una reliquia a la que se le atribuye cierto poder mágico. Dispuestos para alborotar gallinero y taquilla, sus creadores reaparecen para subirse en la montaña rusa del parné en nombre de la marca registrada. Indiana Jones. En Europa, en un museo parisino han alumbrado una idea chachi para atiborrar sus salas con sombreros de fieltro, todos ellos cubiertos por el polvo dorado de la aventura comercial. El museo de marras propone encontrar una pieza de su colección, una reliquia que se atribuye al arte precolombino y que, según cuentan, posee poderes sobrenaturales. Se trata de una calavera tallada en cristal y que, además de coser por el revés, canta por derecho. Los aguafiestas dicen que la nueva película trae un mensaje subliminal y bajuno, propaganda imperialista desarrollada en el cerro Hollywood, etcétera, etcétera, mecanismo de defensa rastrera ante la revolución bolivariana que siembra Latinoamérica de jerseis y de rayas, etcétera, etcétera. El asunto tiene su gracia pues, en la nueva entrega, Indiana Jones ha de enfrentarse a los soviéticos que se decían y titulaban comunistas cuando lo de la guerra fría. Indiana Jones tendrá que andarse con cuidado, a partir de ahora el enemigo acecha desde la montaña rusa, cual serpiente con ganas de darle a la lengua. Y por estas cosas que tienen algunos de buscar mensaje hasta en Velázquez y sus Hilanderas, nos vienen a comparar a Indiana Jones con Rambo o con Ronald Reagan. Sin embargo, a los seguidores de Indiana Jones, poco les importa todo esto. Para ellos son zarandajas, minucias, pequeñeces, partículas de polvo que resbalan por el sombrero de su héroe. La única escuela que reconocen se llama Indiana Jones. Y esperan impacientes el chute de adrenalina que les haga descubrir su propio vértigo. Desde hace veintitantos años, son montonera las personas que andan enganchadas. Y si por algo se caracteriza el adicto a Indiana Jones es por permanecer fiel a su héroe, tan fiel como el aliento de un perro a su dueño. Guau.
1 comentarios:
Es lamentable que un sitio serio,que defiende la cultura, acepte mensajes anónimos en contra de alguien (aunque si miran su estructura, la argumentación es nula). Ahí les mando también un comentario como respuesta al anónimo que ustedes publican, este sí con firma e idenficación, como debe ser:
Realmente uno no pierde su capacidad de asombro, pues supone que quienes estamos trabajando por la cultura, somos personas ecuánimes, pensantes y justas.
Qué desencanto: es que los argumentos que usted esgrime para denigrar de una persona sin tomarse siquiera la molestia de primero (acción elemental para usted como periodista, si lo es) confrontar a quien le está causando tanta desazón; eso es facilismo y un espíritu altamente destructivo mandado a recoger: no es así que avanzamos en nuestras tareas y responsabilidades sociales.
Realmente le faltó a usted inteligencia para no solo protestar por la desaparición del magazin, hecho funesto por supuesto, sino para PROPONER SOLUCIONES: es que es muy cómo protestar y promover acciones violentas (no solo la violencia es física) y solo las personas inteligentes, generosas y con visión hacen aportes positivos y admirables como es el caso que nos tiene en esta perdedera de tiempo.
Conozco la idea de Puno, se de sus buenas y sanas intenciones, respaldadas ya por una docena de periodistas, músicos, investigadores, gente de teatro, de cine, etc, no solo de Bucaramanga, que van a respaldar su propuesta, PARA SALVAR EL ESPACIO. Y sabe qué ? Lo hacen es pensando de manera positiva y futurista, qué es como deben pensarse.
Lo que también es lamentable que usted haya plasmado un odio, un rencor, una envidia, dignas de una persona mediocre; déjeme decirle que está totalmente equivocado pues nos solo tengo el privilegio de contar con la amistad de Puno, sino que es un profesional calificado como pocos y que estoy absolutamente seguro de que no solo no vamos a perder el espacio en el periódico, sino que va a ser de una gran calidad, acorde con todas las actividades en que está Puno y todos nosotros, los que luchamos por la cultura y sus diferentes manifestaciones, le estaremos eternamente agradecidos.
Le tengo una pregunta: usted qué más hace o que aporta a la sociedad ?
Ojalá que esta nota tenga los mismo destinatarios que se tuvo la que usted escribió, para que ellos puedan conocer no solo su infortunada versión: no les puede negar ese derecho.
Luis Carlos Villamizar Mutis
Gestor cultural
C.C. 5´560.916 de Bucaramanga
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